BEBÉ FRIKI
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martes, 28 de marzo de 2017

El Astrotransportador

Me llamo Miguel, de mayor quiero ser capitán y me encantan los tiburones. Es lo que más me gusta del mundo mundial. Ese soy yo y esas son mis pasiones. Mi mamá me ha comprado un gorro de capitán y me dice que voy a ser el mejor capitán del mundo. Cuando crezca quiero que me compren un traje de capitán.


¿Por qué os cuento todo eso? Pues porque en ArteEspacio Plot Point ponenEl Astrotransportador y la obra trataba de eso: de pasiones, de gente que trabaja duro por conseguir lo que quiere, de la amistad y la confianza... es mucho para describir una obra de teatro infantil pero es lo que hay.

Por una parte está Marti, una empollona simpática que ha construido una nave para poder ir al espacio. Está muy emocionada, lo ha preparado todo y tiene un compañero de viaje muy especial, su mejor amigo Lol que confía ciegamente en más capacidades de Marti y haría cualquier cosa por ella, incluso llevar los bocatas para el viaje.

La obra es muy entretenida y tiene tiempo para cantar y bailar si los peques se animan. Además una vez terminada la obra te dejan hacer algo super guay: montarte en el astrotransportador y conocer a sus protas. La magia del teatro elevada a la enésima potencia. Cruzar la cuarta pared y molarlo todo.

Mira que soy un tío tímido pero fue muy emocionante y divertido.

La obra era muy divertida y amena para peques desde los 3 añitos en adelante. 

Comprensible y con bromas adecuadas y los actores eran majetes, muy majetes. Y no lo digo por el chantaje de las chuches del final. Lo digo porque lo creo de verdad.

Pues eso, que llenéis la mochila de refresco de limón e ilusión y os paséis por la sala a disfrutar de esta obra de teatro. Que os va a molar, palabra de friki.


Más info y entradas:
https://www.atrapalo.com/entradas/el-astrotransportador_e4807978/

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Recogiendo frutos rojos con Rural It en Lozoya


Vuelta al cole y aunque tenemos pendiente hablar de un montón de cosas de este verano vais a permitidnos que alternemos con la rabiosa actualidad porque si no esto "caduca" porque es fruta de temporada... Literalmente.

Al regreso de las vacaciones mi señora madre con nocturnidad y alevosía levantó el whatsapp (que ahora es lo que era antes el teléfono) para conseguir un plan decente el fin de semana y no acabar encerrados en casa subiéndonos por las paredes muertos de calor gracias a las olas esas del infierno que hacen que este septiembre sea el peor que se recuerda en décadas. Al otro lado estaba Cookita que tardó medio minuto en escupir un planazo de Rural It. A pesar de que las expectativas eran bajas , porque estoy especialmente destructor y la idea de un plan bucólico no acababa de resultar realista, decidió fiarse de la reina de las galletas y dejarse llevar por su Dieta de la Felicidad y su karma slow life que a día de hoy nunca ha estado en su apretada agenda y con las mismas quedamos todos los canijos para hacer una excursión que prometía ser cuanto menos interesante.


El plan era acudir a una parcela de recolección de frutos rojos en la localidad de Lozoya. Así que aprovechando que vivimos en el fin del universo y que las ganas de cachondeo eran grandes decidieron que era una buena idea meter a tres niños en la parte de atrás de un vehículo. El primer obstáculo fue la logística tipo Tetris que cayó sobre Tamara, que tiene, como sabéis, un master del universo en meter muchas cosas en poco espacio. Milagrosamente consiguieron cerrar la puerta y nos embarcamos en un viaje lleno de cosquillas, guantazos y Pablo Alborán.

Al llegar a Lozoya las adultas murieron de amor. Sus calles, sus casas, y se pusieron hasta arriba en una tasca local recomendada por un autóctono mientras los peques disfrutaban de los tesoros que salieron de esas bolas sorpresa del bar. Y después de llenar los estómagos continuamos con un paseo que acabó en batalla naval en la fuente de los cuatro caños del pueblo. Posiblemente yo me llevé la peor parte acuática aunque Mini Cookito se llevó el cosco con conmoción cerebral de rigor.



Después bajamos al lago donde seguimos un poco el guarreo que finiquitaron llevándonos a un chiringuito hippie donde construimos una montaña de piedras en el arenero en gallumbos como personas poco decentes que somos.



A pesar de estar super a gusto las mamis decidieron que el objetivo de la excursión seguía siendo ir a coger frutos rojos - aunque sabemos que si no llegan a haber pagado por adelantado seguro que no les sacan del chiringuito - nos desplazamos a El Puente del Molino donde armados con una caja de cartón aprendimos a recoger frutitas y degustarlas a dos carrillos.La pequeña finca justo al borde del lago posee dos hectáreas preparadas para recolectar arándanos, frambuesas, grosellas, moras...



Allí aprendimos mucho y perfeccionamos técnica. Ir con Tamara es un plus porque nadie sabía que las grosellas se cogen por racimos,  o que los arandanos tienen que ser super morados, que las fambuesas cuando tiran a oscuro son más dulces,... Eso y muchas otras cosas como que hay grosellas blancas y Frambuesas tirando a amarillo que están muy ricas.



Los peques pudimos acceder y recolectar los frutos, y no os vamos a engañar, también nos comimos alguno. Somos unos zampabollos de impresión. Y siendo destructores natos aprendimos, comimos sano y encima lo pasamos en grande por lo que no podemos poner pegas a este plan... Bueno, que sólo fuera un día porque lo pasamos super bien y queremos repetir ya. Somos unos ansias y eso de salir los fines de semana nos mola cantidad.

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