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lunes, 10 de julio de 2017

Lisboa con Niños: El centro


 Ahora que ya tenéis algún truco sobre cosas que hacer por Lisboa en concreto, para pasar el día entero dando vueltas y visitando cosas requetebonitas nos queda una última explicación porque no os hemos contado nada de la ciudad de las siete colinas a pata (que en tranvía también mola pero hay muchas actividades que os van a gustar mucho y hay que caminar) . Lisboa es una ciudad de tamaño manejable, eso sí, el nombre de las siete colinas lo podían cambiar por el de las siete montañas empinadas porque lo que viene a ser plan, pues no, no lo es. Así que si tenéis un carro o niños pequeños toca armarse de paciencia y tirar de imaginación porque los barrios aunque están muy cerca los separan cuestas infernales, tramos de escaleras y demás lindeces que encantarán a la espalda de vuestras madres.


Una de la cosas que más me moló es lo de las estatuas. Hay muchas por la ciudad, casi todo el centro está compuesto por zonas abiertas y grandes, calles peatonales y enormes plazas. Es muy vistoso y agradable para pasear y pasar un rato agradable. A mi me tenían fascinadas las estatuas que aparecían en todas partes, sobre todo la del escritor Pessoa casi dentro de as mesas de su bar favorito como un comensal más o la de los músicos de Fado. 



De las plazas molonas os recomiendo una muy especial que mezcla el rollo urbano con la tradición, se trata de la Praça do Martim Moniz (al norte de Baixa), desde donde sale el tranvía 28 y que siempre tiene mucha vida. Grafittis y azulejos conviven en esta enorme plaza que tiene terrazas, exposiciones temporales ¡¡Y chorros!! Y es que aunque hiciera frío tenemos establecido que se hacen las cosas divertidas y pudimos correr por ella.


En la Plaça de Rossio, centro, centro de la vida de Lisboa puedes perseguir las palomas y además encontrarás una tienda super curiosa, un autentico circo en el que por 5 euros te puedes comprar la lata de sardinas del año de tu nacimiento... Y hacer un poco el gamberro. Una preciosa tienda llena de diversión y cosas molonas aunque los dependientes sean un poco tirando a bordes.

La plaça do comercio está mirando al mar, desde ella puedes coger infinidad de tranvías (como el que lleva a Belém pero también barcos) pero lo que mola es dar un paseo por la orilla saliendo de las calles comerciales, disfrutar de la enorme plaza y descubrir el gallo gigante para jugar con sus imponentes luces un poco antes de llegar a los puertos mercantiles. El paseo al lado del mar es muy recomendable.


Por supuesto Lisboa está llena de iglesias en su zona centro y la catedral es una maravilla en plena subida, puedes entrar a todas ellas porque en cada una encontrarás algo único: Patios decorados, inmensas naves, preciosos retablos. Y es que Portugal, como en España entrar en las iglesias conserva un encanto especial.



Y para terminar, para los viajeros que se han dado ya la vuelta de rigor por el centro de Lisboa siempre mola ver algo desde la altura, y sin subir escaleras. Una de las atracciones turísticas de la zona (sobre todo por la gran cola) es el Elevador de Santa Justa, os recomendamos hacerlo a primera hora o tendréis que esperar mucho tiempo. El billete se paga con la carta verde de transporte público normal. Y arriba puedes pagar el mirador que tiene una vista muy chula de toda la ciudad y merece mucho la pena. Las escaleras me dieron un poco de chungo pero la verdad es que superado ese momento disfruté como un enano de todo.
 

Estos son los consejos sobre mi estancia en Lisboa, los míos, ojo, que era un tío de casi cuatro años cuando fuimos así que ponerlos en cuarentena y haced un poco vuestra visita única. ¡Y contárnosla!

Mira todo lo que puedes hacer en Lisboa en el resto de post que hemos publicado aquí: http://www.bebefriki.es/search/label/Lisboa

martes, 4 de julio de 2017

Lisboa con niños: Oceanoario y zona Parque de las Naciones (de visita a la Expo 98)

Ir a una ciudad y no ver algo de Calatrava es casi un pecado. Así que no teníamos más opciones que visitar la zona a más moderna de Lisboa. Además la única que las adultas no conocían porque se construyó para la exposición universal allá por 1998, así que fue una experiencia para todos. La estación de tren da acceso a una zona preciosa. La zona de pabellones está casi en la cuidad si tenemos que compararla con el páramo desierto que es Sevilla, además muchos d ellos han sido conservados como pequeños museos a un precio muy asequible y orientados a los más pequeños. Entre los pabellones jardines su actividades dedicadas al agua y unas vistas al río y al puente que quitan el hipo.


Pero nuestra visita en realidad era para ver tiburones en el oceanoario de Lisboa, uno de los más grandes de Europa , concretamente el segundo por tamaño y especies, diseñado por el famosísimo Peter Chermayeff encargado de los mejores acuarios del mundo. El tanque principal es visible desde casi cualquier parte del acuario y puedes pararte a contemplar a los tiburones, los peces luna o las tortugas cuando te de la gana mientras recorres el resto de instalaciones.


Los otros animalitos que causan furor son las nutrias amorosas que estaban flotando en su estanque tan contentas.

El edificio está "dentro del océano", se accede por unas tarimas flotantes sobre el mar, una característica de todos los paseos de la zona que hacen que sea tan bonita y pintoresca. Y la forma del edificio recuerda a un barco, a mi en concreto me parece un portaaviones bien grande.

En un par de horas se puede ver sin problemas y merece mucho la pena.

Más info: https://www.oceanario.pt/en

No queremos dejar la impresión de que la zona sólo tiene el Oceanoario, la verdad es que nos quedamos casi el día entero porque molaba mucho. Había muchos pabellones visitables que quedaron igual que en la Expo Agua, y además son muy baratos 3 eurillos más o menos, todos de ciencia y los pequeños portugueses estaban dando vueltas por allí encantados.

Nosotros nos dejamos seducir por los parques y las esculturas acuáticas, los barcos de papel gigantes y sobre todo la pasarela que cruza sobre el río con el inmenso puente que parece no acabar nunca.

Unas vistas privilegiadas y una zona super bonita para ir con peques.

Y si, acabamos de compras en el centro comercial de Calatrava unido a La estación de Oriente que firmó el arquitecto español y que misteriosamente parece que sigue en pie, no pudimos evitarlo...

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viernes, 5 de mayo de 2017

Lisboa con niños: El tranvía 28


Ir a Lisboa significa darte a los transportes públicos más variados. Nosotros conseguimos coger barco, metro, ascensor y tranvía. No está nada mal. Como somos muy de Internet buscamos un tranvía que fuera muy típico, antiguo y pasase por las zonas chulas de la ciudad. Ese es el tranvía28.

No os penséis que es una idea original. Las colas para subir eran bastante impresionantes, y tuvimos que esperar en la plaza Martim Moniz casi una hora de reloj hasta coger el dichoso tranvía. Lo que si es verdad es que era muy bonito y curioso. A parte de abarrotado y con ningún autóctono a bordo. De hecho la gente hacia el recorrido en su totalidad así que si no coges sitio estás vendido.

Además como es una ruta regular, aunque sea hiper turística es una línea activa, vale la tarjeta de transporte o Carta Verde que por el módico precio de menos de dos euros te garantiza casi una hora de diversión en un recorrido muy pintoresco.

¿Por qué mola el tranvía 28 y no los demás? Pues porque pasa por zonas tan apretadas que algún turista casi se queda sin cámara. Además todos los tranvías de la línea son antiguos porque por las zonas estrechas no pueden circular los mecanismos de los vehículos nuevos de forma que te aseguras un recorrido por la zona más antigua, empinada y bonita de la ciudad y además disfrutar de uno de los vehículos antiguos que permanecen en circulación.

Los tranvías amarillos típicos, con madera y piel en los asientos, esos asientos incómodos pero atractivos,... Ya me entendéis.

El viaje fue muy divertido y la verdad muy recomendable para dar un paseo y hacer un poco el guiri.

Y, las cosas como son, a los más pequeños les encanta.

Puedes consultar el recorrido completo aquí, aunque te recomendamos que lo cojas en la cabecera porque subirse luego es muy, pero que muy complicado...



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martes, 18 de abril de 2017

Lisboa con niños: Belém

Una de las visitas obligadas en Lisboa con o sin niños es acercarse a la zona de Belém que, si bien es un barrio casi se antoja excursión. Nosotros tomamos la sabia decisión de llegar allí en barco porque, las cosas como son, darse una paseo por el Tajo era obligación. Es verdad que las rutas turísticas son una pequeña sajada pero merecen la pena si vas con un pequeño psicópata de los barcos y los tiburones. La ruta no dura mucho y se hace amena, y posiblemente más cómoda que en el tranvía a juzgar por la cola. Pero si te animas con el tranvía es el número 15, ruta moderna que bordea el río.


 En Belém hay varias cosas que no puedes perderte: el monumento a los descubridores, que es una cosa enorme a la orilla Del Río, la Torre de Belém donde nos empeñamos en subir por hacer la gracia turística, el monasterio de los Jerónimos que es una belleza por dentro y por fuera y la fabrica de los pasteles de Belém que huele que alimenta y que tiene una fila de gente hambrienta que dobla a la de cualquier monumento.

  Foto típica de Belém y foto de "no te acerques al borde que vienen olas aunque sea un río y te puedes dar un baño".



Obviamente la duración de la visita dependerá de la decisión de visitar por dentro uno o varios de los lugares de interés, si te quedas a comer o si no tienes nada de prisa.

 Lo normal es que en una mañana lo puedas tener finiquitado pero nosotros optamos por ir después de visitar la Feria da Ladra que hacen los martes y sábados en la ciudad y comprar cerámica y recuerdos de la zona, si pillas esos días es muy aconsejable, está en la zona del Panteón Nacional.

Así que a lo tonto se nos hizo casi la hora de la cena entre barco, subida a la torre y parada a por dulces.

El veredicto es positivo.

Nos lo pasamos bastante bien aunque eso de subir escaleras es un poco agotador y cuando las fuerzas flaqueaban tuvimos que recurrir a cazar Pokemon. Pero eso pasó con la comida. Nada que no arregles pasteles de bacalao o Pasteles de Belém, o si comes por la zona las dos cosas. 

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jueves, 23 de febrero de 2017

De viaje a Lisboa : Alojamiento y comida

Nos hemos ido a Lisboa. Supongo que las familias normales suelen tener unos planes decentes y seleccionar los destinos en función a unos férreos criterios de prioridad, nosotros somos un poco más anárquicos. Decidimos implementar como tradición familiar un viaje anual (mínimo) de mami, tita Bea y yo. La cosa es que cuando nos dimos cuenta se nos habían pasado casi las fechas seleccionadas y al ir a ver los horarios y fechas de apertura de lo que en realidad queríamos hacer descubrimos que ya estaba cerrado así que usamos el típico plan B. Rastrear destinos de fin de semana largo que fueran manejables y no muy caros. Así descartamos varios sitios super chulos que requerían más de cuatro días de estancia y nos quedamos con Lisboa que además salía bien de precio. Tanto avión (low cost) como la estancia eran tan económicos que no tuvimos dudas, además la última vez que las señoras viejas que me acompañaban estuvieron por allí eran niñas así que era un buen momento para recordar la ciudad y ver las cosas nuevas.


Así que allí estábamos en el aeropuerto los tres, con las maletas, el carro, y ganas de pasarlo bien cuando la señora que revisaba los billetes verificó los apellidos y nos dio la idea de cómo llamar a los viajes a partir de ahora: Pacheco Trip. Así que os vamos a hablar de nuestro primer Pacheco Trip, las cosas que vimos, las excursiones, y para empezar el alojamiento y la comida, que, así para que quede entre nosotros nos pusimos las botas.

Es la primera vez que íbamos a apartamento en lugar de hotel o casa rural. Las ventajas son considerables. El uso de cocina es útil sobre todo sabiendo que tenemos unos horarios un poco surrealistas. Por supuesto no solemos volver durante el día pero cuando estás muerto mola salir de la habitación en pijama a cazar pokemons en el salón


Por el idioma no vimos la tele pero estábamos muy entretenidos igualmente. La selección de apartamentos para estancias cortas en la zona centro es amplia. La desgracia es que casi todos son pisos antiguos sin ascensor, la gracia es que son las típicas casas antiguas de Lisboa con sus azulejos de colores en el exterior y la verdad es que eso mola mucho. 

Nuestro apartamento era muy guay, teníamos salida a la terraza y la cocina era un pasote. Desde ella se subía a donde vivía "la señora de arriba" o según mi tía la que nos alquiló el chiringuito, pero vamos que se quedó como la señora de arriba. Una mujer muy maja y atenta que nos preparó un desayuno de quitar el hipo y me dejaba comer estrellitas de cereales todos los días a todas horas. Estábamos a 20 minutos andando del centro o un par de paradas de metro, lo que nos apetecía en función del cansancio.

Tened en cuenta una cosa, Lisboa es una ciudad de cuestas así que ir con carro es un infierno, el metro no está muy habilitado y los tranvías son estrechos así que... tenerlo en cuenta. Mola por las cosas que se pueden hacer con niños pero es una matada para las piernas de los padres que acaban tirando de los peques.  Que no os pille por sorpresa. Y siendo positivo pensad que os vais a ahorrar mucho en gimnasio. ¿Cómo lo ves?

La comida fue genial. Era muy, muy barata y nunca eramos capaz de acabar las patatas fritas, y ya os digo yo que soy de los que comen muchas patatas fritas. Con dos comidas comíamos los tres sin problemas. Para que os hagáis a la idea.

Además estaba de suerte porque el pescado era la base del menú, básicamente bacalao y la típica sardina. Pero la brasa de cualquier tipo de carne también. Nos encantó comer pastéis de bacalhau (croquetas de bacalao) pero también lo pasamos bomba gracias a las hamburgueserías artesanas que estaban por todas partes. Carne buena y con buen precio. 

Además de las raciones super generosas hay que tener en cuenta que las bebidas y los postres no son como los de España, vamos, son precios de personas normales así que podías permitirte pequeños (o grandes) lujos.

Y dejaremos los pastelitos de Belem para más adelante, que también nos pusimos finos.



¿Es complicado comer con peques? Pues no, y se puede comer barato, rápido, bien y típico sin mucho gasto. Así que... ¿Empezamos a contaros qué cosas hacer en Lisboa? 

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