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viernes, 8 de septiembre de 2017

De festivales con niños: El Low de Benidorm


Este año ha sido mi segundo Low, ya era un poco más consciente y también más cabezón, eso quiere decir que si algo no me apetecía o no me gustaba no lo hacía y listo. Así que este año también ha sido un reto para mis padres mantenerme entretenido, comprenderme y adecuarse a mis necesidades y sobre todo a mi estado de ánimo de cada momento. Ir a un festival es toda una aventura, sea cual sea tu edad, pero con 4 años es incluso más emocionante. ¿Te vienes a la edición 2017 con niño debajo del brazo? 



Este año el Low ha batido todos los records de asistencia, eso quiere decir que había gente, mucha gente, así que hay que contar con ello para la logística, por ejemplo para ingerir alimentos o ir al baño, un adulto puede decidir aguantar un pis o que puede comer un poco más tarde, pero yo no, yo si digo que tengo hambre le dices a Los Pixies que se callen que estoy ocupado y listo. Esto sería mucho más sencillo si se pudiera llevar una botellita de agua y unas galletas pero la política del festival de no comida para niños (sólo para bebés) juega en nuestra contra porque aunque hay variedad de alimentos no es lo mismo llevarte unas patatas de casa que tener que hacer una cola kilométrica para comprar una tortilla de patata. Así que este año nos lo planteamos con una calma pasmosa y nos organizamos en grupos. Una vez destrozado el carro el primer día no quedaba otra que mantenernos unidos ante la adversidad y mis 20 kilos de peso y hacer lo posible porque estuviera cómodo y nutrido. Madre se hizo fuerte en las gradas y padre era el recadero que traía las fotos y la comida cada tres primeras canciones. Nos funcionó bastante bien, la verdad. El secreto era adelantarse al hambre, nunca llegar al punto en el que me convierto en un Critter o en un Gremlim malo. Ya sabes, comer antes de media noche y no mojarme es básico.


Otro tema era lo de aguantar muchos conciertos seguidos. Eso no pasa, así que seguimos la política de hacer vida normal e ir tarde al recinto (y así evitar también el solaco infernal) de forma que llegábamos a ver con determinada confianza y seguridad los cabezas de cartel antes de caer rendido o declararme en huelga de música.

Otro gran reto era qué hacer durante todo el concierto porque media hora es mi límite máximo de atención, al principio bailo, canto un poco y soy adorable, luego me aburro y quiero ir a correr o al parque. Así que la mochila de mi madre era lo mismo que el bolso de Mary Poppins pero versión juguetes: pistolas de pompas, libretas, pinturas, tatuajes, camiones, coches y demás juguetes en pos de la calma necesaria para soportar al menos dos horas dentro del recinto sin bajas. Y la cosa es que lo de las pistolas de burbujas funciona muy bien. Apuntadlo queridos festivaleros. 

Una cosa buena que tiene el Low es que el recinto es amplio así que cambiar de aires era relativamente fácil, lo mismo que comer sentado, cosa que se agradece. Esto y el hecho de tener gradas hacen que sea uno de los festivales más agradables para los peques. Este año posiblemente hayan batido el record de acreditaciones infantiles por la cantidad de niños que hemos visto en el recinto. Nuestra enhorabuena a los padres porque además casi todos tenían cascos protectores en las orejas así que pueden conservar el oído hasta que sean adolescentes y se hagan fans del Reaggeton. Los paseos y hacer el tonto un poco en los puestos suele ayudar mucho entre concierto y concierto, además la acústica y los casi no solapamientos hacen que al menos escuchar los escuches todos.

Este años los grupos eran bastante más brutos que otros años y los horarios interesantes se alargaban a la noche pero la verdad es que lo soporté muy bien. Cada año un poco mejor, ya se sabe. Eso sí, es una pena que sigan sin dar el paso y hacer un MiniLow una mañana o pongan alguna zona para los peques porque además este año los patrocinadores no dejaban jugar en casi nada por los derechos de imagen de los menores. Así que no pudimos hacer una ronda de esas divertidas haciendo el bobo cantando con los Doritos o sacando fotos simpáticas.

¿Es divertido ir de festival con niños? Es diferente, lo pasas bien aunque obviamente es moderado, no se puede ir a la primera fila, te adecuas hábitos y ritmos infantiles o pegar voces como un descosido. Pero sinceramente merece la pena.



Igual que el año pasado el que más me gustó fue La Habitación Roja este año hay punto para Sidonie, que la canción del perro lo petó. 

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