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miércoles, 3 de junio de 2020

La pandemia que nos enseñó a cocinar

Si hay una cosa que nos ha tenido en vilo durante la pandemia ha sido la manía que le ha dado a la gente de hacer cosas raras. Primero lo de ir a comprar papel higiénico como si no hubiera un mañana y después todo el mundo se ha convertido en expertos reposteros y panaderos hasta tal punto que se agotaron las reservas de harina y levadura. La pandemia de 2020 pasará a la historia por ser el simulacro más grande de Master Chef de la historia de la humanidad. 


La verdad es que resulta muy curioso que en plena emergencia mundial a todos les diera por ser personas de provecho, algunos les dio por el deporte, otros por los Tik Toks, algunos se oyeron todo el archivo de la biblioteca nacional, y otros simplemente vegetaron en el sofá sin límite. Lo que si es cierto es que la presión social para ser productivo impulsó a la mayoría de los humanos a darse a la cocina. Quizás fuera por el tiempo que tuvimos extra de estar en casa, quizás para huir del homeschooling o simplemente para llenar un vacío existencial pero el resumen es que desabastecimos de levadura todos los supermercados del país. Una de las primeras tareas de los coles, cuando pensábamos que la cosa duraría sólo 15 días fue -estándar- hacer un bizcocho y menos mal que fue en la primera semana porque si no ese bizcocho se hubiera convertido en una utopía. 

Otra de las cosas más misteriosas de la pandemia es el interés que ha despertado la "masa madre" en la gente. Yo desconocía lo que era exactamente, de hecho cuando las redes sociales se llenaron de botecitos con una entidad viscosa y burbujitas intentamos dar respuesta a esa pregunta pero sigo sin tener muy claro la necesidad de hacer fermentar eso para hacer pan casero pudiendo hacer acopio de pan congelado o acumular kilos de pan Bimbo. 

Una vez superado este afán de las primeras semanas de cocinar como cosacos llegó la nueva y sorprendente moda de la virtualidad. Los directos a todas horas, los adultos abriendo cuentas de Tik Tok, los vermuths virtuales y toda una serie de ideas de casquero (en forma de Challenges)  que coparon las agendas de los más pintados. No sabíamos muy bien cuando tocaba cuentacuentos, clases de magia  o Circo del Sol. Lo único seguro es que los aparatos de la casa echaban humo del uso. 

Cuando en el futuro resumamos la pandemia supongo que habrá que edulcorar algunas de estas cosas porque la cantidad de horas de televisión consumidas hablan por si mismas. En las familias con niños habrá recuerdos difusos de odio a la terea delos coles y a las videollamadas de niños poco receptivos, en las de los solteros fiestas sin fin en pijama y mucho Streaming. La cosa es que la pandemia nos habla de una nueva realidad, una "nueva anormalidad" que para muchos es celebrada como un cambio del estilo de vida y que , para otros, simplemente no es plato de buen gusto. Nosotros no hemos hecho valoración de este confinamiento aún pero si hay un par de cosas que tenemos claras. Una de ellas es que esta ruptura con todo lo que hacíamos hasta ahora, con el estilo de vida que teníamos , volverá a su cauce por mucho acto de conciencia que se realice detrás de una pantalla. En cuanto las obligaciones regresen tendremos que seguir cogiendo el coche, tendremos que seguir viviendo con prisas y tendremos que cambiar la "falsa tranquilidad" por las mismas rutinas que antes. El cambio no está en los individuos, depende de un sistema ajeno que no controlamos y que hace que los horarios de colegios y trabajos, los desplazamientos controlados y masificados o la vida en grandes ciudades tengan que seguir igual.

Nos espera un verano incierto y seguramente una serie de confinamientos y desconfinamientos durante todo lo que queda de año (y más allá) y la gente es muy positiva al respecto. Esperamos no tener que ver más fotos de Bizcochos en las redes o rellenar la agenda de nuevo de eventos virtuales. Esperamos que poder abrazar a los tuyos no sea una utopía que tarde en llegar varios meses pero la verdad es que la "nueva realidad" es un bofetón y aunque te intentes quedar con lo bueno el 70% de todo lo demás ha sido un infierno. Nos queda mucho por recuperar: listas de espera, sanidad estancada, un lapsus en los estudios de los peques de meses, ERTES y despidos, recuperación de sectores muy dañados e incluso heridos de muerte, y eso sin entrar en las perdidas de vidas. Permitidme que en esta ocasión no sea positiva.

Si, la pandemia nos enseñó a cocinar pero también nos va a cambiar el futuro a todos. 

lunes, 11 de mayo de 2020

El homeschooling (o el infierno en vida)

El Homeschooling hasta hace poco era una de esas cosas que mirábamos con admiración. ¡Madres que se atreven a educar a sus niños en casa! Sabíamos que no eran todo ventajas pero , oye me llamaba la atención, que guay criar a tu hijo y compartir momentos entrañables llenos de aprendizaje. ¡¡Menuda estafa!! Ahora que estamos obligados al Homeschooling salen a la luz las verdades y mentiras de la escuela en casa y , al menos en nuestro caso, no es tan idílica como parece. Compartimos nuestra experiencia para que sepáis, padres del mundo, que no estáis solos. 


Lo que nos vendieron.

La experiencia de poder educar a tu hijo en casa a base de proyectos y aprendiendo de la experimentación. Esta etapa duró las dos primeras semanas de confinamiento, cuando los colegios, sin saber muy bien cómo afrontar este nuevo sistema vivieron en la anarquía haciendo repasos, manualidades y viendo vídeos de YouTube. Cuando se decidió que la cosa iba para largo y el ministerio dio orden de ir "ampliando materia" la cosa se volvió más tensa y, al menos en nuestra casa, los horarios y las tareas llegaron para quedarse en un volumen , por decirlo finamente , inabarcable. No quiero pensar esto con más de una criatura con temarios diferentes, refuerzos y videoconferencias a diferentes horas. Y si sumamos padres trabajando aún le damos más emoción a nuestra vida. 

Inconvenientes del Home Schooling

La autoridad. 

La jerarquía de la enseñanza está clara en sus cabeza. Los padres no son profesores. Por eso la diferencia entre lo obligatorio y lo que les apetece se desdibuja. Da igual el plan en tu cabeza, la pizarra con los horarios, si tu hijo es un alma libre puedes hacer una bolsa de basura con todo ello porque no va a servir de nada. En su lugar tendrás morros, broncas, y , en el mejor de los casos, un niño enfurruñado mirando el techo sin hacer nada porque... ¡Sorpresa! Por mucho que le cuentes, expliques o insistas, su mente ha desconectado y no absorbe ninguna información útil. Eso acaba pasando factura en forma de frustración, sentimiento de culpa, la sensación de que no abarcas y no puedes hacer más porque no sólo hay que "hacer la tarea" y las cosas se acumulan así que la carga mental del progenitor a cargo está a un paso de la incapacidad.

Los profesores, buenos o malos, son la autoridad y así se lo hemos inculcado desde la infancia así que en materia de aprendizaje hemos delegado esa función tanto que es tarde para recuperarla. Quizás esta reflexión hubiera sido más enriquecedora si la hubiéramos realizado antes pero el caso es que aquí estamos, con pequeñas bestias en plena pandemia y sin ningún control.

La telerrealidad.

Esto es lo más parecido a un reality que vamos a ver. La pantalla se ha convertido en la herramienta básica para llevar a cabo las evaluaciones y eso tampoco mola. No sé vuestros niños pero el caso es que cuando ponemos las videoconferencias de inglés, por poner un ejemplo, toda la verborrea que ha desplegado durante el día desaparecen. No sabe ni una respuesta. Lo realmente divertido de esas conferencias es escuchar a los motivados padres dando respuestas a los profesores, chivando los resultados o incluso enfadándose ante la impasividad de los churumbeles. 

Tengo la teoría de que han realizado un estudio y se han dado cuenta de la frustración y la rabia que causan estas videollamadas en nuestras mentes y están jugando con nosotros. No hablan porque les gusta torturarnos. Al menos yo, cuando haceos las llamadas, paso el día intentando darme de cabezazos por no haber escuchado ni una palabra de su boca, independientemente de las veces que hemos repasado el tema o que sepamos que conocen las respuestas. Es una lucha mental que, en mi caso, está ganando por goleada. 

Nuestra tarea.

¿Soy la única que piensa que nos está evaluando a los padres? Tenemos que enviar mil y una fotos de las tareas. Tengo el móvil lleno de sumas con llevadas y manualidades. Al final del día no recuerdo lo que he enviado y lo que no, tampoco me acuerdo muy bien el día en el que estoy y sueño con las "fichas importantes" que es el eufemismo de "examen". La cosa es que … me estoy ganando yo la nota o mejor aún, no me la estoy ganando. Yo tengo un suspenso como una casa. Si es tu caso. No estás solo.

Los materiales.

¡Sagrado corazón! Si nos hacen hasta grabar la tarea de gimnasia... Esto da para un capítulo de Más allá del Límite, que venga Iker a estudiar estos casos de motivación porque necesitamos saber a qué se debe tanto interés por hacer manualidades y deporte. Y, más allá, saber qué piensan los profesores que tenemos en casa para poder realizar esas "sencillas manualidades con cosas que tienes por casa" que incluyen sangre de unicornio, purpurina de hada y tres tipos diferentes de tela y cartulina... ¿Estamos todos locos?

El tiempo y su trascurso

Hemos llegado a una dimensión paralela en la que durante el rato de la tarea el tiempo no pasa. Estamos horas de reloj dando vueltas a la misma hoja, no hay forma de avanzar el temario, no te da tiempo ni a completar lo mínimo e imprescindible. Así que cuando de repente aparece una carpeta con millones de hojas que llaman "tareas de repaso optativas" quieres pedir la eutanasia... porque ese es otro tema...

Las cosas "optativas"

¿Soy la única que cuando lee que algo es optativo tiene la absoluta necesidad de hacerlo? Es como un reto, si no lo acabas eres peor madre, un fracaso para la educación de tu hijo... cuando vengan servicios sociales te van a preguntar solo dos cosas: ¿Tienen puestas todas las vacunas? y ¿Han hecho la tarea voluntaria? Así que solo hay dos tipos de persona las que hacen la tarea voluntaria y la escoria de a sociedad.

Las deficiencias del sistema educativo

No sé vosotros pero a mi en la reunión del colegio me dijeron que mi hijo iba bien y cuando han caído en mis manos los libros... ¡¡Amigo!! Aquello está escrito por una mente desquiciada. La caligrafía parece hecha por el Joker con sangre en la pared de una celda. Los ejercicios están mal, incluso los corregidos, y las pocas cosas donde pediste a la profesora que hiciera hincapié han sudo abandonadas. De esa forma en el fondo piensas que puedes solucionar esa laguna en casa pero luego descubres, gracias a los puntos anteriores, que lo vas a tener muy complicado. 

¿El Psicólogo pa' cuando? 

Creo que el gabinete psicológico de los colegios y la Seguridad Social deberían prestar apoyo a los padres porque no damos más de nosotros mismos. No digo que no haya familias felices con niños adorables que se levanten y se pongan a hacer restas con levadas sin oponer resistencia pero hay muchas familias cuya realidad no es esa. Las redes sociales llenas de madres felices y querubines haciendo sus deberes con una sonrisa han conseguido sacar lo peor de mi misma. No sé si es incredulidad u odio, o puede que una mezcla de las dos.

Futuro incierto.

Y el año que viene, ¿Bien gracias? La ministra de educación soltó la bomba de que el año que viene, sin vacuna y viendo las circunstancias actuales se van a plantear un modelo de educación mixto. Vamos, que las clases se reducen a la mitad y los niños tendrán que ir al colegio y estudiar desde casa. ¿Y eso cómo lo hacemos? Salvando las brechas tecnológicas, que el teletrabajo en septiembre seguramente dejará de ser una opción (siempre que lo hay asido porque muchos tenemos trabajos presenciales) y que seguimos sin ser educadores... ¿Ahora qué? Ya no es sólo avanzar temario, es convertirnos en las personas que tienen que enseñar, educar y encima mantener en pie la familia, con sus reducciones de jornada, sus excedencias, sus malabares para hacerlo posible. Son los problemas económicos que van a generar, el impacto social y educativo que podemos causar con ello y además la carga de estas tareas en los padres... ¿Nadie está pensando en esto? 

Sinceramente, ahora mismo me importa menos pasar a la Fase 1 que encontrar una solución a septiembre, eso, señores, si va a ser un drama. 

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